viernes, 29 de julio de 2011

Sólo Palabras

           Este escrito data del 16 de noviembre de 2007, el idiota cree que ya es posible compartirlo en un ámbito mayor que aquel en el que fuere dado a conocer.

Un hombre puede ser partidario de un valor
absoluto: la vida, y dar la vida por él. Un hombre
prueba un valor absoluto por la vida;
pero si la vida es el valor absoluto, sólo
concede posibilidades al valor absoluto de la muerte.

Orlando Guillén

Hay cosas que no deben agradecerse... y no deben serlo porque los movimientos del corazón dirigidos son por la más absoluta y suprema razón y nada la pequeña y limitada razón humana con ellos tiene que ver. Sólo cuando se halla libre de ataduras puede el corazón trasponer los velos que al Sancta Sanctorum mantienen de las miradas profanas apartado y manifestarse con la plenitud que este, ahora en realidad, viejo bardo, de vivirlas hubo durante la más desoladora de sus travesías. Sea pues todo lo siguiente no un agradecimiento sino tan solo una mera mención congratulatoria referente a las diáfanas manifestaciones vibracionales que desde varios rincones de nuestra República hasta mi sensible ser de allegarse hubieron.

Tuvo el de la voz la dolorosamente gloriosa oportunidad de atisbar de forma somera sobre los misterios de la vida, los misterios de la muerte y los misterios de la resurrección y la inmortalidad de las almas.

The earth, the air, the fire, the water return... return... return...

En el movimiento continuo y perpetuo de la vida, prestos siempre a dar su materia para formar y dar soporte a las múltiples manifestaciones de aquélla, Gob, Nicksa, Paralda y Djin, pacientes esperan la orden para comenzar su trabajo. De manera más o menos suficiente, médicos y anatomistas, con su loable esfuerzo, de manera tan puntual nos han mostrado los eventos de la Concepción y Gestación como para en ellos nos ocupemos ahora. Repitamos entonces que la materia, absoluta indeterminación en sí, trabajada es por los elementales a fin de darle una forma adecuada para la manifestación de la vida. Preséntase así ante la Naturaleza, en el caso que nos ocupa, el animal que como humano conocemos...

De la misma manera que para el soporte material de la vida construir, para los vestidos del Espíritu, es decir, para el Alma confeccionar, los Elementales sus oficios y habilidades ejercen. Mas he aquí que el Alma es una Tabula Rasa que nada sino mero soporte -tal como la pantalla sobre la que una película de proyectarse habrá- es lo que al Espíritu ofrece. Pronto, en el pequeño que a vivir comienza, el alma va adquiriendo caracteres que no le son inherentes sino tan solo útiles, al menos en ocasiones... Ciegos lazarillos de otros ciegos, aquellos que en la vida del pequeño se cruzan, ya de manera constante, ya fortuita; voluntaria o involuntariamente; durante un largo rato o por un breve lapso; aquellos -repito- que en la vida del pequeño se cruzan, no saben el fatal encadenamiento de sucesos que a tal pequeño -y a sí mismos aun- tal encuentro depara. Una sonrisa, una furtiva mirada, alguna distraída o intencionada palabra... el más nimio y aparentemente inane de los elementos dispone o determina toda una serie de acontecimientos futuros, todos ellos con sus propios elementos, formando todo el conjunto una vesánica red de determinantes que constituye nuestra Psique... así de los caminos ni el principio ni el final son conocidos. Nadie puede considerarse dueño de su vida, asimismo nadie responsable resulta de la vida de alguien más, incluso ni de la propia. Cada instante, cada acontecimiento, no es sino la resultante de un indeterminado número de circunstancias que convergen en un espacio-tiempo dado. En verdad os digo que nadie culpable podría considerarse de las desgracias ajenas y ni aun de las propias sino por omisión. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen; no hay pecado sino ignorancia, mas si la ignorancia fuese permitida, nada habría qué perdonar.

Así, de las peculiaridades inherentes a las individuales vidas humanas y sus particulares cuitas, el rastro imposible se torna de seguir, prácticamente la totalidad de la humanidad en esta demencial red de causa y efecto enlazada se halla.

Mas un poco al menos de esas peculiaridades y cuitas hablemos.

Más de veintiséis años ha que un pequeño de escasos cinco años con sus padres hablaba respecto a su necesidad de un hermanito, de alguien con quien jugar y hacer todas las cosas que sus amiguillos con hermanos le decían.

-Pero debes cuidarlo y quererlo mucho -fue la respuesta que de sus padres obtuvo.

Sin chistar, el pequeño asintió con una gran sonrisa, más de expectación y nerviosismo que de beneplácito. La mirada de sus padres era de divertida y satisfecha complicidad, era obvio -aunque no para ese inocente- que no habrían sabido cómo explicar a su hijo que pronto tendría un hermanito... en verdad les había liberado de una tal vez complicada explicación. En menos de un año y, aunque esperando anhelante el instante en que pudiese entre sus brazos acunar a su hermanito, en el momento de separarse de su madre, que una semana en el hospital tardaría, la débil y enfermiza constitución de aquel pequeño en postración se tornó. No fue sino hasta cierta tarde que, en la entrada de su vivienda, un dulce cuadro de inefable terneza en su corazón como el momento más feliz de su vida se imprimiría, su madre con su pequeño hermano en brazos. Mas ya planteado hemos que nadie de su vida es dueño sino hasta que el astro radiante en su horizonte aparece y con sus inmarcesibles destellos de divina gloria, la gracia otorga a quien tan maravilloso espectáculo contempla y emancipado ya de las ataduras de su ego, libre ya de los velos negros del intelecto, las riendas de su vida tomar puede. Fue así que este trocito de celestial buenaventura que a la existencia arribaba, de enmarañado verse hubo en aquella red fatal de la que ya hemos hablado... ni su hermano lo cuidó, ni sus padres educarlo pudieron satisfactoriamente, no obstante el amor que, aunque empañado su fulgor por aquellos velos negros e impurezas que conocemos, entre sí todos sentían.

Arrastrado así, al arbitrio de la corriente cual navío sin timón, la huesa de recibirlo hubo no bien cumplidos los veintiséis años.

Y he aquí que en toda su pureza las puertas de la muerte entrever dejan los misterios que velados al hombre tiene.

El cuerpo inerte, reposando en su final morada, en el silencio y la obscuridad en sus múltiples componentes se disgrega. Y nada más. La vida su interminable trabajo de perenne transformación inexorable a cabo lleva.

Y en el ánimo afligido de quienes en vida de conocerlo hubieron, una débil llama de tierna desolación se enciende y, ante aquellos inertes restos, su dolor y emociones, ya en forma de rezos, algarabía, llanto o aparente indiferencia y frialdad, en doliente homenaje 'al amigo que se fue' tributan. Y ya los niños que sus maneras conocieron, apresurados, en franca competencia con los demás, torpe o afortunadamente, las imitan. Y ya se habla de innúmeras anécdotas, disparatadas las más, cuerdas algunas, apócrifas la mayoría, verdaderas sólo unas cuantas... y del engaño nadie se enfada, antes al contrario, un aliciente resulta para engañar a su vez a los demás, en una especie de intento por aparecer ante ellos como el mejor amigo, como el confidente, como el más feroz enemigo... y hay también envidia entre la concurrencia y amables puñaladas por la espalda -y a veces aun de frente- y búsqueda de efímera gloria y reconocimiento... y hay también oculta y solitaria aflicción. Mas de recordar hemos que nadie su vida y su voluntad posee, nadie. Nadie por lo tanto con malos ojos ha de mirar lo que incluso en estas situaciones presenciar le es dado. Es tan solo la vida tratando de sobrevivir a través de aquella fatal red.

¿Y dónde quedan pues el alma?, ¿dónde la resurrección?, ¿y la inmortalidad? En cada uno de sus deudos vive la impronta que su individual existencia plasmó y que a nuestra vez de transmitir hemos a quienes la fortuna o desdicha de cruzar por nuestro camino tengan. Los comandos con que de colorear hemos sus suaves destellos vibracionales habrán de interactuar con los de aquellos que nuestras emanaciones reciban; tal como con nosotros sucedió al recibir y resonar las suyas.

Y ya los niños -algunos púberes en realidad ya- hablan de aquel muchacho que les regalaba juguetes, que les daba dulces durante el Halloween, durante el Día de Muertos, al que veían en patines saltando escaleras, vehículos y personas en el suelo tendidas, al que veían ebrio, drogado, famélico, solitario, ensimismado, inescrutable, el fisicoculturista, el dealer... el Pantera

Por cierto, en cuanto a la pena, la aflicción, el dolor... nada hemos mencionado, deliberadamente. No lo hemos hecho, por la inimaginable agudeza de su filo, por la insondable profundidad de sus raíces, por la incognoscible vacuidad que la ausencia de su tierno ser en el nuestro deja... Inefable y omnipresente, una densa, umbría y asfixiante atmósfera de desolación en torno a nosotros se cierne.

Es por ello que aun a despecho de la razón misma -muy probablemente en su auxilio- y de nuestras iniciales palabras, desde este sitio agradezco las llamadas, los mensajes, la presencia, el apoyo, la preocupación, Gracias Queridos Hermanos.

Mas por sobre todo, agradezco el divinal gozo con que la vida me obsequió al permitirme compartir, una breve eternidad al menos, con aquel bello ser que en vida de iluminar hubo mi sombría existencia.

Gracias carnalito.

The earth, the air, the fire, the water return... return... return...

Nada en realidad, sino tan solo el amor,
cuando es expresado a aquellos a quienes amamos,
es lo que verdaderamente importa en la vida.

Frater Lipere

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